El diario de Adán y Eva

Comienzo:
Lunes. – Este animal nuevo, de larga cabellera, está resultando muy entrometido.
Siempre merodea en torno mío y me sigue a donde voy. Esto me desagrada; no estoy
acostumbrado a tener compañía. Debería quedarse con los demás animales. El día está
nuboso y sopla viento del Este; creo que tendremos lluvia. ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De
dónde he sacado yo esto de nosotros? Ya caigo. Así es como habla el animal nuevo.
Martes. – Estuve contemplando la caída grande de agua. Para mí, es lo mejor que hay en
este lugar. El animal nuevo la llama Catarata del Niágara. No entiendo por qué. Dice que da
la impresión de ser las Cataratas del Niágara. Esto no es una razón, sino simple capricho y
tontería. Yo no tengo oportunidad de poner nombre a ninguna cosa. Sin darme tiempo a
protestar, el animal nuevo va poniendo nombre a cuanto se alza ante nosotros.
Y siempre alega idéntica excusa: que da la impresión de que fuera eso. Pongamos el caso
del dido. Asegura que basta echarle una mirada, para darse cuenta de que da la impresión de
un dido. No me cabe duda de que tendrá que quedarse con ese nombre. Me molesta tener que
preocuparme por estas cosas, y, por otro lado, no tiene sentido. ¡Dido! Da la misma impresión
que yo de ser un dido.

Categoría:

Descripción

Género: Novela
Autor: Mark Twain