Frescos de amor

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Frescos de amor es como un río que fluye, puede leerse como una larga carta que
Federica Orlac – la protagonista- le escribe a su hermano. Una novela en la que todo
puede ocurrir como en la vida.”
Angélica Gorodischer.
Frescos de amor tiene uno de esos comienzos propiamente de fundación, de los que
suelen recordarse en la historia de la literatura. Sólo un comienzo anterior tuvo para mí
plenos derechos de serlo, y fue el comienzo de Archivos del Norte de Yourcenar.”
Tununa Mercado.
El estado de las cosas: el blanco y negro de Wim Wenders, tiñe los frescos de Liliana
Heer. Silvia Hopenhayn.
Es precisamente el código cinematográfico el que predomina en el texto, realizado sobre
la base de imágenes fragmentarias, subjetivas y de un contenido expresivo tan fuerte
como el de las mejores películas de Buñuel. Daniel Celis, La Nación

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Descripción

Frescos de amor es como un río que fluye, puede leerse como una larga carta que Federica Orlac – la protagonista- le escribe a su hermano. Una novela en la que todo puede ocurrir como en la vida.” Angélica Gorodischer.

Frescos de amor tiene uno de esos comienzos propiamente de fundación, de los que suelen recordarse en la historia de la literatura. Sólo un comienzo anterior tuvo para mí plenos derechos de serlo, y fue el comienzo de Archivos del Norte de Yourcenar.”                                                                                  Tununa Mercado.

El estado de las cosas: el blanco y negro de Wim Wenders, tiñe los frescos de Liliana Heer.                     Silvia Hopenhayn.

Es precisamente el código cine­matográfico el que predomina en el texto, realizado sobre la base de imágenes fragmentarias, subje­tivas y de un contenido expresivo tan fuerte como el de las mejores películas de Buñuel.                                                                                                                               Daniel Celis, La Nación

Fotogramas: romper el equilibrio con una sucesión de pla­nos fijos: montaje parpadeante, bucle: frase aventurada por uno de los personajes de esta turbadora novela de Lilia­na Heer que traduce una pro­puesta estética, la coagulación del discurso narrativo, usual­mente sujeto a la sucesión pero que aquí da lugar a un collage de escenas palpitantemente atem­porales.

Jorge Ariel Madrazo.

Liliana Heer hizo el ropaje maravilloso, la trama es clara e íntegra en cada página, pero aun así nosotros no podemos repetir esta hechura, no sabemos cómo combinó, cómo mezcló, cómo interrumpía o acentuaba cada escena. Esta novela ahonda en el alma, en las zonas casi innombrables de los sentimientos como confesándose, y más, como apremiándonos.