Meandros

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Estas páginas atestiguan una vida. No evocan con nostalgia lo vivido. Lo exploran, lo indagan; interrogan la experiencia lograda en el transcurso de los años. Ponderan su consistencia. Siempre he pensado que no se escribe, cuando de veras se escribe, para decir lo que se sabe sino para llegar a saber qué se quiere decir. Así lo es en el caso de Jorge Ader. Su palabra, a medida que se despliega, va en busca del sentido posible (o del misterio posible), que encierra lo que le fue deparando el tiempo en términos de aprendizaje, más que en su transcurso meramente cronológico. Por lo demás, Jorge Ader es un hombre al que la intensidad de los días le importa más que su mera acumulación. Quien sepa leer lo que aquí se dice, no tardará en advertir que está ante la presencia de un hombre que no ha sido devorado por la costumbre de vivir, ni por la jactancia del éxito. Menos aún por la presunción de creer que su testimonio guarda el valor de un hecho ejemplar. A medida que el relato va ganando forma y se despliega, Jorge Ader se va dando a conocer como una sensibilidad en busca de sí misma antes que como una evidencia consumada. Quiere compartir y no enseñar. Quiere entender y no explicar. ¿Cómo no reconocer entonces, al leerlo, que la suya es una palabra auténtica, frontal, dispuesta al diálogo?

 

 

Jorge Ader quiere entender y no explicar. ¿Cómo no reconocer entonces, al leerlo, que la suya es una palabra auténtica, frontal, dispuesta al diálogo?

 

 

Santiago Kovadloff

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Peso 0.340 kg
Dimensiones 15 × 23 cm